Necesidad
de incorporar cambios.
Por: Laureano Mones Cazon - Ingeniero Agrónomo
laureano@wheatqnet.com.ar
http://www.wheatqnet.com.ar

Hace unos meses se comentó, con mucho interés, una controversia
sobre el registro de dos variedades de
trigo de origen francés que, segœn algunos miembros del Comité
de Cereales de Invierno, no deberían
haberse inscripto. Este Comité es un organismo asesor (no vinculante)
de la Comisión Nacional de Semillas
y finalmente, es el Instituto Nacional de Semillas (INASE) quien lleva
los Registros Nacionales donde se
inscriben las nuevas variedades de semillas. En nuestro país
sólo pueden difundirse las variedades inscriptas
y, por tanto, lo que se pretendía, era impedir la difusión
de esos cultivares europeos. El caso merece
considerarse pues muestra un proceso de cambio de paradigmas por el
que está transitando actualmente
nuestra industria triguera. El viejo paradigma, que se está
reemplazando, se puede expresar así: Hay trigos buenos, de
"alta calidad" - que son los trigos de gran fuerza - y Argentina debe
producir sólo ese tipo, prohibiendo todo los restantes, ya que
si se producen otros tipos , se reduciría la "calidad" de nuestros
trigos y sufriríamos graves perjuicios comerciales. El nuevo
paradigma, en cambio, es el siguiente: No existen trigos buenos
ni malos. Existen sólo trigos adecuados o no a determinado uso.
Por tanto, si en nuestro país hay, por el momento, 23 especificaciones
distintas en las demandas básicas de harinas, sólo debe
preocuparnos que los trigos adecuados para cada uso, no sean mezclados
con los de usos diferentes. Además, cada uso específico,
es un conjunto tecnológico donde interactúan y se amalgaman
en una única realidad, la genética
(variedades), los procesos industriales (algunas veces confidenciales),
los aditivos y las técnicas molineras.
(Ver diagrama) Si volvemos al caso del trigo francés, nadie se
animará a decir que las baguettes parisinas
son de mala calidad. ÁY se han producido a partir de ese trigo que,
según algunos no debería permitirse en
nuestro país ! Pero, como el lector ya imagina, en Francia, la
molienda, los procesos de panificación y los
aditivos, son los adecuados para obtener las baguettes que los viajeros
a–oran a su regreso. Dicho en otras palabras, esos trigos deben ser
usados dentro de su conjunto tecnológico. Hace ya unos a–os,
el gran maestro francés Raymond Calvel mostró que puede
obtenerse excelente pan con harinas cuya fuerza
abarcaba un amplísimo rango. Utilizó harinas europeas,
norteamericanas, japonesas y argentinas,
algunas
de las cuales seguramente serían calificadas, en nuestro país,
como no aptas para panificar. Este mismo
dilema se nos va a presentar con trigos para fideos si aplicamos el
mismo anticuado paradigma. Las nuevas
tecnologías de producción de pastas emplean procesos de
alta temperatura. En estas modernas líneas de
producción se deben utilizar sémolas de menor granulometría
y éstas hacen posible y conveniente, el
empleo de trigos con glútenes m‡s débiles y menores tenores
de proteína. Estos trigos, como es lógico,
tienen potenciales de rendimiento muy superiores a los tradicionales.
ÀSerán rechazados por el Comité
por ser de "menor calidad"? Recordemos, una vez más, que calidad,
en el caso del trigo, no es más que la
adecuación a un uso. En un período de la historia en que
los conjuntos tecnológicos de uso del trigo se
multiplican y recrean con un dinamismo sin precedentes, impedir la difusión
de un cultivar parece, como
mínimo, muy imprudente. Creemos llegado el momento de iniciar
un debate, a la luz de estas nuevas
tendencias, para "aggiornar" la conformación y las funciones
del Comité de Cereales de Invierno. Para
iniciar el proceso, sugerimos considerar dos áreas de cambios:
En primer lugar, en su conformación, sería
deseable que los fitomejoradores no formasen parte de las estructuras
de decisión del Comité, pues nunca
es recomendable ser juez y parte. En segundo término, la función
del Comité sería evaluar cada variedad
desde tres puntos de vista:
a) Desempeño agronómico,
b) Comportamiento sanitario y
c) calidad en el procesamiento.
(Cada punto de vista podría dar origen a un subcomité).
La información sería pública, en todo momento,
y,
además, debería ser publicada periódicamente. Todas
las variedades serían aprobadas, en forma gradual y
progresiva, salvo que riesgos sanitarios debidamente probados (u otros
de importancia equivalente),
indicaran la inconveniencia del registro, lo que debería ser
excepcional. Pero a diferencia de lo que sucede en la actualidad, la
información debería fluir, completa y libremente, a todos
los interesados. Esta propuesta se basa en el reconocimiento de las
limitaciones de nuestro saber, especialmente en condiciones de cambio
permanente y en el derecho de todo ciudadano de ejercer una industria
lícita, introduciendo o desarrollando
nuevos conjuntos tecnológicos (productos), que el mercado deberá
convalidar o no, y permitiendo la más
rápida información a todos los integrantes de las cadenas
de valor, para que sean ellos quienes decidan, en
cada etapa, si el nuevo cultivar será difundido y empleado, o
no. El futuro de la industria triguera de
Argentina, será determinado por nuestra capacidad para transformarnos
en un proveedor confiable y seguro
de grano limpio y de calidades uniformes y consistentes. Esto deberá
lograrse y mantenerse, en una industria que se modifica y evoluciona
rápidamente. Este desafío exige un sistema flexible de
calidad de trigo, que pueda adaptarse a una industria global en permanente
cambio. Necesitamos, por tanto un sistema de evaluación de variedades
en sintonía con los tiempos que corren.
Buenos Aires, 10 de enero de 2000
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